Alan Lombardi
El zumbido de la ciudad se sentía como un eco distante y molesto tras la partida de mi tío. Me quedé un momento mirando la puerta entornada del despacho de Mía, sintiendo el peso de la torre, de los contratos y de las mentiras que todavía flotaban en el aire. Sabía que si nos quedábamos aquí, las dudas que Lucian había sembrado terminarían por devorarnos.
Ella necesitaba aire, y yo necesitaba recordarle, a través de la piel, que ella no es un activo, sino el centro de mi univers