Daniel reaccionó antes que nadie.
Fue un movimiento tan rápido que apenas pude procesarlo:
le arrebató a mi hija de los brazos a Manuel con una fuerza que no sabía que tenía.
—¡DANIEL! —gritó Manuel, pero ya era tarde.
Mi bebé quedó pegada al pecho de Daniel, llorando sin poder respirar bien, temblando, aferrándose al cuello de él como si su vida dependiera de ello. Y en cierto modo… dependía.
Yo solo pude correr hacia ellos, pero Daniel me detuvo, tomándome por la cintura con un brazo mientras