Yo tambien...
Llegué a la pista con el corazón martillándome en el pecho. Daniel bailaba con Zamira como si nada, como si no hubiera un torbellino dentro de mí, como si no supiera que estaba a un paso de perder la poca cordura que me quedaba. Ella reía exageradamente, pegándose más de lo necesario. Pero no me importaba. No esta vez. No después de todo lo que había vivido. No después de que la esposa de Arturo me repitiera que lo que era mío, debía defenderlo.
Tomé aire, levanté la barbilla y avancé decidida.