Mi trabajo era espectacular… o al menos así había comenzado. Ser camarera en uno de los lugares más elegantes de aquella pequeña ciudad me hacía sentir que, por fin, estaba construyendo la vida que tanto necesitaba. La paga era buena, el horario manejable, y la ciudad, aunque pequeña, tenía ese toque de lujo que atraía a turistas con dinero. Todo parecía perfecto.
Pero, como siempre, la perfección tiene grietas.
Las otras camareras no tardaron en mostrarse tal como eran. Al principio fueron sim