La idea de morir para renacer empezó como una broma siniestra entre trapos y vapor, y terminó convenciendo hasta mis propios huesos. La Gata me miró con esos ojos que ya no tienen piedad ni sorpresa y soltó la frase como quien anuncia la hora: "Si quieres salir, tienes que morir en la escena". No en realidad, me corrigió luego, sino ante los ojos de todos: médicos, cámaras, guardias y prensa si hace falta. Una muerte que cerrara cualquier investigación. Un cadáver oficial que impidiera pregunta