El aire de la mañana era fresco, todavía no se sentía el calor del sol, y sin embargo, mis pies descalzos sobre la piedra del patio me recordaban que el mundo seguía girando.
Había dormido mal. No porque algo estuviera mal, sino porque todo parecía demasiado bien. Demasiado perfecto. Como si el universo me hubiera dado una tregua... solo para ver si era capaz de no estropearla.
Acaricié la taza caliente entre mis manos, con la vista fija en las flores del jardín. Las mismas que él había llenado