Llevaba el día entero con una opresión en el pecho.
Era como si el aire se hubiera vuelto más denso, más difícil de respirar. Me costaba concentrarme, me dolía la cabeza, y cada vez que Lara o Viktor me miraban, sentía que sabían exactamente lo que escondía. O peor: que se estaban preparando para decirme algo que iba a cambiarlo todo.
Pero lo que más me confundía era Nikolay.
No estaba distante. Al contrario. Esa mañana me había despertado con besos en el hombro y un café en la mesita. Sonrió,