CAPITULO 20

El comedor estaba silencioso cuando bajé. Más de lo habitual. No había música suave ni pasos apresurados por la casa. Solo la luz cálida de la lámpara sobre la mesa y Nikolay sentado en la cabecera, como si llevara horas allí esperándome.

Me detuve en la entrada un segundo, sin saber si avanzar o dar media vuelta. Pero él alzó la vista, y sus ojos se encontraron con los míos. Ni fríos ni intensos. Solo... fijos. Como si intentara leerme sin hablar.

—Siéntate —dijo con voz baja.

Lo hice.

La cena
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