El edificio seguía en pie.
Como un recuerdo que se negaba a morir.
Las luces de la ciudad apenas alcanzaban a iluminar su fachada desgastada, y aun así… había algo en él que no encajaba con el abandono que aparentaba.
Demasiado silencio.
Demasiada quietud.
—Sigue respirando —murmuró Daniel.
Lucas no respondió.
Pero lo sentía también.
Ese lugar no estaba muerto.
Nunca lo había estado.
El coche se detuvo a una cuadra.
Nadie quiso acercarse más.
No todavía.
Lucas observó el edificio desde la dista