No tenía nombre.
No tenía señal.
No tenía rastro de vida desde afuera.
Nada que indicara que alguien pudiera estar dentro.
Nada que llamara la atención.
Pero al cruzar la puerta…
todo cambió.
Luces automáticas.
Encendiéndose una a una.
Sistema activo.
Funcionando sin errores.
Pantallas en reposo.
Esperando.
Un lugar preparado.
No improvisado.
No abandonado.
Karev fue el primero en entrar.
Como siempre.
—Cerramos en cuanto pasen.
Sofía asintió.
Revisando al mismo tiempo.
—Sistema interno limpio…