El aire cambió antes de que pasara nada.
No fue un sonido.
Ni una señal visible.
Fue… una sensación.
Como si el lugar ya no fuera solo un refugio.
Sino un punto de encuentro.
Lucas lo sintió primero.
No en la cabeza.
No como antes.
Sino en el cuerpo.
En ese instinto primitivo que no necesita lógica para entender que algo se acerca.
—Ya está aquí —dijo, sin levantar la voz.
Karev no preguntó.
Solo se movió.
Revisó su arma.
Se posicionó cerca de la entrada.
Sofía miraba el mapa una y otra vez.
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