Nadie cerró la puerta de inmediato.
Se quedó abierta, como una herida que aún no decide si va a sangrar o a cicatrizar.
Lucas seguía de pie, mirando el espacio vacío por donde Marcelo se había ido. No había ruido afuera, ni pasos alejándose, ni señal de que alguien los estuviera rodeando en ese preciso instante. Y aun así… la sensación de amenaza no desaparecía.
Era peor.
Porque ahora tenía forma.
Y palabras.
Valeria fue la primera en moverse. Se levantó despacio con el niño en brazos y, sin de