La ciudad amaneció bajo un cielo gris, un presagio silencioso de la tormenta que parecía acercarse lentamente. Desde las ventanas de la oficina de Lucas, las nubes se movían pesadas sobre los edificios, como si incluso el clima supiera que algo estaba por estallar.
Dentro del despacho, el ambiente estaba cargado de tensión.
Marcelo había tomado una decisión: esta vez no jugaría a medias. Su nuevo movimiento no solo buscaba desestabilizar la empresa; también pretendía cuestionar directamente la