El mensaje seguía brillando en todas las pantallas.
“ENTRÉGUENLO.”
Una y otra vez.
Sin pausas y sin errores.
Como si el refugio entero hubiera dejado de ser un edificio para convertirse en una extensión de aquella orden. Las luces temblaban con una frecuencia irregular, los monitores cambiaban de intensidad por momentos y el zumbido eléctrico en las paredes sonaba demasiado vivo, demasiado constante, como si algo respirara dentro de los cables observándolos desde todas partes al mismo tiempo.
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