El silencio que quedó después del mensaje fue mucho peor que el ruido de antes.
Porque el ruido al menos les daba algo concreto contra lo que luchar. Había órdenes, alarmas, voces superpuestas, pantallas reaccionando sin control. Todo era caos, sí, pero era un caos comprensible. Algo que podían señalar y decir: “esto es el problema”.
Ahora no.
Ahora solo quedaba ese silencio espeso, incómodo, aplastante… el tipo de silencio que aparece cuando algo cambia y nadie sabe todavía qué tan grave es re