Aquella mañana, la ciudad parecía respirar con una calma casi engañosa, como si nada en su ritmo cotidiano insinuara la tormenta que comenzaba a gestarse. Sin embargo, dentro de la oficina de Lucas el ambiente era muy distinto. La tensión se percibía en el silencio contenido, en las miradas breves y en la forma en que cada documento era revisado con cautela.
Marcelo, finalmente, había decidido arriesgarse y dar un golpe directo. Un informe cuidadosamente filtrado había llegado a manos de uno de