La puerta terminó cediendo con un estruendo seco que hizo vibrar las paredes del refugio. La madera se partió en dos, el metal chirrió al doblarse y, casi de inmediato, comenzaron a entrar los primeros pasos. Firmes. Decididos. No había dudas en ellos. No venían a negociar ni a capturar. Venían a tomar el lugar por la fuerza.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Karev disparó primero, obligando al grupo a cubrirse mientras Sofía corría hacia los controles y apagaba las luces principales. El refugio q