El ruido afuera no dejaba de crecer, como si algo invisible se estuviera acercando con la única intención de arrasar con todo. Ya no eran simples pasos ni murmullos lejanos. Había peso en cada sonido, una decisión firme detrás de cada golpe, de cada voz que no buscaba diálogo sino control. Era el tipo de ruido que no pide permiso. El tipo que anuncia que, pase lo que pase, algo va a romperse.
Adentro, en cambio, el tiempo parecía haberse detenido en un punto extraño. Frágil. Como si todo depend