El silencio no duró mucho.
Nunca lo hacía cuando algo importante estaba a punto de pasar. Era como si el propio aire supiera anticiparlo, como si se tensara apenas unos segundos antes, dando una advertencia que solo algunos podían percibir.
Sofía fue la primera en notarlo. No hizo falta que mirara demasiado; su expresión cambió apenas, pero lo suficiente.
—Movimiento.
Karev ya estaba de pie antes de que alguien más reaccionara, con la mirada fija en la entrada, el cuerpo listo.
—¿Cuántos?
Sofía