Lucas no volvió al jardín al día siguiente.
Se obligó a no hacerlo.
Se quedó en su oficina hasta tarde, revisando contratos que no necesitaban revisión, respondiendo correos que su asistente podía manejar. Cualquier cosa era mejor que admitir que había querido bajar.
Que había querido verlo.
Ridículo.
Era solo un niño.
Pero la imagen de esos ojos seguía regresando una y otra vez.
Persistente.
Exactamente como la duda que comenzaba a instalarse en su mente.
Esa noche, sin saber muy bien por qué,