El vehículo avanzaba sin detenerse.
El motor mantenía un ritmo constante.
Las luces del camino pasaban una tras otra.
Nadie hablaba.
No porque no hubiera nada que decir.
No porque faltaran preguntas.
Sino porque todo lo importante…
ya había cambiado.
Valeria iba atrás.
Con el niño dormido sobre su pecho.
Su respiración era suave.
Tranquila.
Sus dedos no dejaban de moverse.
Lento.
Constante.
Como si necesitara comprobar una y otra vez…
que estaba ahí.
Que no era una ilusión.
Que no iba a desapar