El silencio entre ellos no era casual.
Era medido.
Lucas lo sintió en la forma en que los dos hombres se mantenían firmes, sin invadir el espacio, pero tampoco cediéndolo. No estaban nerviosos. No estaban improvisando.
Habían venido preparados.
Sofía lo notó también.
—Hablen —repitió, con la voz más firme.
El primer hombre inclinó ligeramente la cabeza.
—Directo, entonces.
Pausa.
—El niño no es el problema.
El mundo pareció detenerse por un segundo.
Lucas no se movió.
Pero algo dentro de él sí.