La ciudad seguía viva.
Indiferente.
Luces encendidas, calles transitadas, gente caminando sin saber que, a pocos metros, algo mucho más grande se estaba moviendo entre ellos.
Nada parecía fuera de lugar.
Nada parecía distinto.
Y sin embargo… todo lo era.
Karev no se detuvo.
Caminaba con paso firme, sin apresurarse demasiado, pero sin dar margen a dudas. Conocía ese ritmo. El de alguien que no quiere llamar la atención… pero tampoco quiere ser alcanzado.
No miraba atrás.
No lo necesitaba.
Valeri