El ascensor subía lento. Demasiado lento.
Valeria evitaba mirarse en el reflejo metálico. Su estómago era un nudo, y no por el café mal cargado que había tomado esa mañana. La noche anterior había dormido mal, con los recuerdos corriéndole como un río sucio por la mente.
Liam la había visto. A ella… y a su madre.
Y eso cambiaba todo.
Las puertas se abrieron en el piso treinta y uno. Respiró hondo y salió con la cabeza alta, el paso firme, como si no estuviera luchando por mantener la compostura