La lluvia caía como una cortina sobre la ciudad. Desde su oficina en el último piso, Liam observaba cómo las gotas se deslizaban por los ventanales. La ciudad entera parecía borrosa. Confusa. Igual que su cabeza.
Valeria.
La imagen de ella, vulnerable, en el pasillo del supermercado… no se le iba de la mente. Tampoco la manera en que se había defendido esa mañana, erguida como si el mundo la empujara, pero sin permitir que la empujara del todo.
No estaba acostumbrado a ese tipo de verdades