El viernes amaneció gris.
No llovía, pero el cielo tenía ese color opaco que parecía anticipar una tormenta. Valeria lo observó desde la ventana del departamento de Liam mientras terminaba de abotonarse el blazer color marfil que había elegido para la conferencia.
No era el traje más caro que tenía.
Era el primero que compró con el dinero de su empresa, cuando todavía trabajaba desde una mesa prestada y dormía cuatro horas por noche.
Lo había guardado durante años como un recordatorio silencios