El silencio posterior al escándalo no fue paz.
Fue expectativa.
Valeria lo sintió desde que volvió a la oficina dos días después de la entrevista. No hubo aplausos. Tampoco reproches abiertos. Solo miradas que se detenían un segundo más de lo normal. Voces que bajaban cuando ella pasaba. Sonrisas educadas que no alcanzaban los ojos.
El edificio seguía en pie.
Pero la confianza… no.
—No deberías haber venido sola —dijo Liam, caminando a su lado.
—Justamente por eso vine —respondió ella—. No voy