El silencio que siguió a la noticia fue más devastador que cualquier grito.
Valeria permaneció inmóvil junto a la cocina, con los dedos aún apoyados sobre la encimera de mármol. El eco de las palabras de Liam —está embarazada— seguía resonando en su cabeza como una sentencia.
Durante unos segundos, no sintió rabia.
No sintió celos.
No sintió siquiera tristeza.
Solo un vacío frío y absoluto.
Liam seguía frente a ella, el teléfono en la mano, con el rostro desencajado.
—Valeria…
Ella levantó la m