Teresa se sorprendió mucho cuando llegué, pero al escuchar lo que me había pasado, se enfureció tanto que casi corre a buscar a Griffith para enfrentarse a él.
De una vez, la detuve, porque si iba a buscar a Griffith, él sabría que estaba en la manada Lumina.
Y yo no quería verlo aún.
Teresa entendió y, en lugar de ir a buscarlo, me preparó una excelente residencia: un pequeño castillo cerca del mar.
Cada vez que abría la puerta, podía ver el cielo azul y el mar, y poco a poco, mi ánimo empezó a