Preocupada de que me hundiera en la tristeza, Teresa me llevó a muchos lugares hermosos para distraerme, y poco a poco mi ánimo empezó a mejorar.
Un día llegamos a la manada Artheton. Teresa no fue a la cena que el Alfa local había organizado, sino que me llevó a una pequeña cabaña oculta en las afueras de la ciudad.
Teresa, emocionada, comenzó a explicarme:
—Te voy a contar algo, este hechicero es muy famoso. No solo puede resucitar, también es buenísimo para tratar enfermedades ginecológicas.