—Felicia, Felicia… ¿Dónde estás, Felicia?
Griffith recorrió todo el castillo buscándome, pero no encontraba ni una sola pista.
De pronto, recordó el transmisor que me había dado. Recitó un hechizo, y, al buscar en la mesa de noche, lo encontró allí.
No solo el transmisor, sino todo lo que él me había regalado antes.
Esto hizo que Griffith sintiera una punzada de miedo en el corazón, y, de repente, una idea cruzó su mente. Rápidamente, llamó a un sirviente:
—La última vez que Felicia se desm