Griffith corrió hacia mí, con el bebé en brazos, justo cuando estaba a punto de subirme al carruaje.
—Felicia, ¡espera!
—¿Qué más quieres? —dije mientras me subía al carruaje, mirándolo, sin ganas de hablar con él.
—Felicia, mira a este niño, es tan adorable. Sé que siempre has querido tener un hijo, ¿podrías, por favor, dejar el pasado atrás y criar a este niño conmigo? —dijo Griffith con un tono que me rogaba.
Me quedé sorprendida por lo sinvergüenza que era.
—Griffith, para mí, él no es un ni