15 La pesadilla del afecto.
Cuando uno se sumerge en un sueño profundo, el cuerpo se vuelve pesado, como si lentamente cediera al abrazo invisible de la noche. Los párpados caen, plomizos, y poco a poco dejamos de sentir el mundo que nos rodea. Entonces, el cuerpo se aligera, la respiración se torna lenta, suave, y el espíritu parece deslizarse hacia otra dimensión.
En ese lugar, la mente comienza a tejer paisajes y memorias, dando forma a lo que llamamos sueños.
Pero, para nuestro pequeño mago, no era así.
Eryn se desplo