87 Efusivo.
La pequeña tenía de la mano a Eryn todo el tiempo. Ya era de tarde, el cielo se teñía de naranja y los primeros destellos del ocaso empezaban a enfriar el aire. Eryn llevaba mangas largas y aun así sentía el fresco colándose por los pliegues de la tela, mientras que la niña, con su vestido ligero, parecía estar perfectamente acostumbrada a la temperatura, como si el frío no pudiera tocarla.
Suspiró pesado.
Evdenor debía estar furioso. Después de lo ocurrido en aquella habitación, no había vuelt