Antes de que llegara la noche, Evdenor y sus caballeros estaban agotados, pues el trayecto hacia el siguiente pueblo resultaba mucho más pesado que el primero, al encontrarse en tierras más altas y lejanas de su reino. Sin embargo, ante las quejas de sus hombres y su propio cansancio, Evdenor decidió detenerse en una posada que conocía bien. No era una cualquiera: en el piso inferior tenía una pequeña taberna y, además, estaba repleta de mujeres provenientes de un burdel cercano que acudían allí en busca de clientes.
Sí, Evdenor conocía bien aquel lugar, pues acostumbraba frecuentarlo cuando necesitaba ese tipo de servicios. No obstante, para acercarse allí debían despojarse de todo lo que los identificara como parte del reino, ya que no podían arriesgarse a que corrieran rumores de que el príncipe visitaba esos sitios en compañía de sus caballeros. Así que, en ese lugar, solo serían civiles comunes y corrientes.
A Eryn no le pareció del todo correcto desviarse del camino, pero tras h