Antes de que llegara la noche, Evdenor y sus caballeros estaban agotados, pues el trayecto hacia el siguiente pueblo resultaba mucho más pesado que el primero, al encontrarse en tierras más altas y lejanas de su reino. Sin embargo, ante las quejas de sus hombres y su propio cansancio, Evdenor decidió detenerse en una posada que conocía bien. No era una cualquiera: en el piso inferior tenía una pequeña taberna y, además, estaba repleta de mujeres provenientes de un burdel cercano que acudían all