Clara despertó con el pulso acelerado, el recuerdo de la tarde anterior pegado a la piel como un calor que no se disipaba. Sabía que no podía permitir que los días se convirtieran en un terreno minado emocional, pero tampoco lograba alejarse del epicentro de todo: Álvaro y Marcus. Cada uno de ellos ocupaba un espacio que parecía expandirse sin control en su vida.
Se levantó, se duchó, preparó el desayuno sin pensar demasiado y se dirigió a la hípica. Mara estaba allí antes que ella, brincando a