La herida abierta

Clara no durmió esa noche.

No porque no pudiera cerrar los ojos, sino porque cada vez que lo hacía, veía lo mismo: la mirada de Marcus, la culpa escrita en su cara, y la sensación insoportable de haber sido la última en enterarse.

A la mañana siguiente, la hípica olía a tierra húmeda y a rutina. Los caballos seguían allí, ajenos a todo, como si nada se hubiese roto. Pero Clara sí. Y Marcus también, aunque intentara disimularlo.

Él llegó temprano. Demasiado.

La encontró en el picadero, limpiando un cepillo que no necesitaba estar limpio, con movimientos mecánicos, tensos.

—Tenemos que hablar —dijo Marcus, sin rodeos.

Clara no levantó la vista.

—No. Tú tienes que hablar. Yo ya lo sé todo.

El silencio cayó como un golpe seco.

Marcus respiró hondo, dio un paso hacia ella. —Clara, yo no te engañé como tú crees. Nunca estuvimos…—

—No lo digas —lo cortó ella, alzando por fin la mirada—. No te atrevas a decirme que “no éramos nada”. Porque aunque no lo dijéramos, aunque no hubiera etiquetas, tú y yo estábamos construyendo algo.

Marcus apretó la mandíbula.

—Elena era parte de mi vida desde antes. Nunca hubo promesas, nunca hubo—

—Intimidad, Marcus —dijo Clara, con la voz firme pero rota—. Hubo intimidad. Hubo momentos que yo creía míos. Y tú no tuviste el valor de cerrar una puerta antes de abrir otra.

Él se acercó un poco más, con los ojos cargados de culpa.

—No sabía que iba a pasar lo que pasó entre nosotros.

—Eso es mentira —susurró Clara—. Lo sabías. Desde el primer día.

Marcus tragó saliva. No respondió.

Ese silencio fue peor que cualquier excusa.

—¿Sabes lo que más duele? —continuó ella—. Que me acosté contigo pensando que, por una vez, no estaba compitiendo con nadie. Que eras honesto. Y resulta que yo estaba entrando en una historia que ya estaba sucia.

Marcus dio otro paso, demasiado cerca.

—No fue así para mí. Lo nuestro fue real. Lo sigue siendo.

Clara soltó una risa breve, amarga.

—¿Real? ¿Y entonces por qué siento que me has sido infiel… a algo que ni siquiera habíamos definido?

Él extendió la mano, como si quisiera tocarla, pero se detuvo a medio camino.

—Porque tienes razón —admitió al fin—. Porque aunque no hubiera una relación, crucé una línea. Y lo hice sabiendo que tú estabas ahí.

Eso fue lo que la rompió.

Clara dejó el cepillo sobre la madera con un golpe seco.

—No soy una opción, Marcus. No soy un paréntesis mientras decides qué hacer con tu vida emocional.

—Nunca te vi así —respondió él, con voz baja—. Nunca.

—Pero me trataste así.

El silencio volvió a instalarse entre ellos, denso, insoportable.

La tensión sexual seguía ahí, intacta, como una herida que ardía bajo la piel. Se notaba en la forma en que se miraban, en lo cerca que estaban sin tocarse, en lo difícil que era respirar.

—Lo peor —añadió Clara— es que sigo deseándote. Y eso me da rabia. Porque no quiero querer a alguien que no supo elegir.

Marcus cerró los ojos un instante.

—Yo tampoco supe perderte.

Ella dio un paso atrás. Luego otro. Marcando distancia por primera vez de verdad.

—Esto no se arregla hoy —dijo—. Y no se arregla con palabras. Ahora mismo, lo único que siento es decepción.

—¿Entonces qué somos ahora? —preguntó él, con la voz quebrada.

Clara lo miró largo rato.

—Nada —respondió—. Y eso es lo único que tengo claro.

Se dio la vuelta y se alejó, dejando a Marcus solo en el picadero, con el peso de sus decisiones cayéndole encima por primera vez sin escapatoria.

Mientras caminaba hacia la salida, Clara sentía el cuerpo ardiendo, el deseo aún vivo, mezclado con una tristeza profunda. No había cerrado la historia. No había sanado nada. Pero había puesto una verdad sobre la mesa.

Y eso dolía más que seguir fingiendo.

El fuego entre ellos no se había apagado.

Solo se había vuelto más peligroso.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP