Habían pasado apenas unos minutos cuando se oyó el alboroto de guardias corriendo, buscando.
Sareth, Elio y su familia estaban ocultos entre los arbustos, observando. Habían recuperado sus habilidades, pero no sus fuerzas. Los días de tortura los habían dejado exhaustos; enfrentarse a los guardias en ese estado era imposible.
Sareth intentó tranquilizar a la niña, que temblaba de miedo, y se dio cuenta de algo absurdo: no sabía su nombre, ni el de su madre. Todo había sido tan rápido que no hub