Los días en aquel santuario demoníaco no se parecían en nada a lo que Sareth había vivido antes. Ni en el castillo de los ángeles, ni en el infierno de Castiel, ni siquiera en sus viajes con Kael. Allí, el tiempo parecía avanzar de forma distinta. A veces lento, como si la oscuridad misma los envolviera para que nada los alterara. Otras veces rápido, casi violento, cuando el anciano demonio la llevaba al límite del entrenamiento.
Pero por fin había llegado al día que ella había esperado desde q