El viento nocturno golpeaba los muros derruidos del antiguo refugio. La torre más alta, partida por la mitad, se inclinaba como si estuviera a punto de desplomarse. Entre las piedras rotas, un silencio pesado lo cubría todo, como si el lugar estuviera conteniendo la respiración.
Las sombras se agitaron antes de que un portal retorcido se abriera en el centro del pasillo principal. De él emergió Castiel, envuelto en su capa negra, la mirada filosa como un cuchillo recién afilado. Su expresión ya