Kael estaba en su oficina, sumido en los papeles y documentos que cubrían su escritorio como una muralla de preocupaciones y responsabilidades. Afuera, los murmullos del pasillo parecían resonar con una claridad extraña, pero él estaba absorto, intentando descifrar cada detalle de los informes que Aziel le traía desde su corta ausencia. Cada vez que un dato nuevo aparecía, Kael fruncía el ceño, analizando con precisión fría, calculando riesgos y posibles movimientos. No era simplemente un líder