Sareth estaba agotada.
La lucha contra aquel lobo rebelde la había dejado con los músculos tensos, no poder usar su fuerza realmente era agotador, ocultar sus verdaderas habilidades era difícil, pero Elena le advirtió que fuera discreta, y más en un territorio como aquel, aun así debían seguir caminando río abajo. El terreno no ayudaba: desde la caída apenas habían recorrido unos diez kilómetros, pero la zona rocosa junto al cauce hacía que cada paso resultara una tortura. El río serpenteaba e