Voces del Pasado.
El viento cortaba la noche como un filo invisible, azotando los restos de edificios que se alineaban con el camino hacia el punto ciego.
Damian avanzaba con pasos medidos, cada uno más pesado que el anterior. No había luna, pero la luz de los faroles eléctricos intermitentes proyectaba sombras largas que parecían moverse con voluntad propia.
Su respiración era irregular; el Protocolo Cebo, activado hace horas, comenzaba a hacer efecto de manera más pronunciada. Cada latido, cada pulsación de su