Vigilancia Absoluta.
Desde la sala de control en el piso más alto del complejo, los padres de Isela observaban. Cada pantalla proyectaba imágenes precisas, cada dato estaba registrado, cada expresión de los sujetos monitoreados se almacenaba para análisis. La sala estaba silenciosa, excepto por el zumbido constante de los monitores y la respiración medida de ambos.
—Mira —dijo el padre, señalando un nodo en el monitor central—. La rutina de hoy está intacta. Nada fuera de lugar.
—¿Nada? —replicó la madre, con la ce