El despertador sonó a las seis con la misma melodía de siempre: un tono suave, repetitivo, casi anestésico.
Isela abrió los ojos y vio la luz gris del amanecer filtrándose por las persianas. El reloj marcaba 06:00, pero el cielo afuera parecía de medianoche.
No le dio importancia. Últimamente, el clima había cambiado de forma impredecible, o al menos eso decían los informes.
Se levantó despacio, con una sensación extraña en el pecho. Como si hubiese soñado algo importante y se le escapara justo