Sombras y Silencio.
La luz azul del cuaderno iluminaba débilmente las paredes, proyectando sombras que bailaban al ritmo de la respiración de Isela. El grupo se dejó caer en silencio sobre el polvo y los escombros. Nadie hablaba; todos necesitaban procesar lo que había ocurrido, pero el aire estaba cargado de tensión y cansancio.
Isela se sentó junto a la mochila, observando cómo el cuaderno latía con fuerza en sus manos. Cada pulsación era un recordatorio de la responsabilidad que cargaba, y también de la conexió