La Transferencia.
El grupo avanzaba por un estrecho corredor dentro del laboratorio subterráneo que habían descubierto. El cuaderno azul en manos de Isela pulsaba con fuerza, proyectando luz sobre sus rostros y las paredes metálicas. Cada paso que daban hacía que la energía dentro del dispositivo vibrara más rápido, como si reaccionara a la fatiga de Isela.
De repente, la joven se tambaleó y cayó de rodillas. Un jadeo escapó de su boca mientras intentaba incorporarse, pero la presión en sus ojos era insoportable