Restos de un Mundo Dirigido.
El silencio no llegó de golpe, llegó por capas.
Primero se apagaron las pantallas públicas: los paneles de tránsito, los avisos de optimización energética, los índices de productividad que solían flotar como un pulso constante sobre las avenidas.
Luego vinieron los sonidos erráticos: bocinas sin sentido, alarmas que nadie sabía desactivar, drones suspendidos en el aire como insectos muertos, cayendo uno a uno cuando sus rutinas no encontraban a quién reportarse.
Isela lo percibió antes que los