Realidad.

Isela caminó sin rumbo, pero sus pasos terminaron llevándola al patio central, donde Selena y Livia la vieron llegar. Estaban sentadas en un banco, con bebidas frías y cuadernos esparcidos.

— ¡Hey! —llamó Livia, levantando la mano.

Se acercó, todavía temblando. Se sentó entre ellas, intentando ordenar su respiración. Livia la miró con esa mezcla de curiosidad y preocupación que usaba cuando estaba a punto de lanzar preguntas.

—Estás pálida —dijo—. ¿Qué pasa?

Selena, más seria, entrecerró los oj
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