La Mente: El Abismo del Alma.
Lo peor era cuando todo cesaba y solo quedaba el vacío. Ese silencio, ese peso que se extendía por los túneles como una sombra viva.
Livia respiraba con dificultad. El aire olía a ceniza y metal fundido, una mezcla tan densa que casi podía masticarse. Frente a ella, Damian e Isela permanecían inmóviles, cubiertos de polvo y hollín.
Los tres miraban hacia el túnel que habían dejado atrás, donde el fuego se tragaba las ruinas del Consejo. Donde Selena había quedado.
—No puede haber muerto —murmur